Jesús pasó todo el martes enseñando a una multitud de personas. Desde que el sol salió, hasta que el sol se metió, Jesús enseñó. Ese era su último día para compartir sobre el reino de Dios públicamente antes de la crucifixión. Lo que compartió ese día era de primordial importancia para Él. Pasó el día hablando de su regreso. Jesús sabía que iba a morir por nuestros pecados y resucitar de la muerte, pero también sabía que iba a ascender a la diestra del Padre y que pasarían años antes de que regresara de nuevo. A este evento le llamamos la segunda venida de Jesús. En Mateo 24, Jesús comparte con nosotros cómo será el mundo cuando regrese.
“Tengan cuidado de que nadie los engañe —les advirtió Jesús—. Vendrán muchos que, usando mi nombre, dirán: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos. Ustedes oirán de guerras y de rumores de guerras, pero procuren no alarmarse. Es necesario que eso suceda, pero no será todavía el fin. Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá hambres y terremotos por todas partes. Todo esto será apenas el comienzo de los dolores.
»Entonces los entregarán a ustedes para que los persigan y los maten, y los odiarán todas las naciones por causa de mi nombre. En aquel tiempo muchos se apartarán de la fe; unos a otros se traicionarán y se odiarán; y surgirá un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos. Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”
Y luego, para enfatizar su punto, Jesús contó la siguiente historia.
“El reino de los cielos será también como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco mil monedas de oro, a otro dos mil y a otro solo mil, a cada uno según su capacidad. Luego se fue de viaje.”
El hombre en la historia es Jesús, y está intentando decirles que Él se irá, entonces le habla a sus siervos y les confía una cierta cantidad de dinero que deben de usar de forma sabia. La cantidad que les da es increíble. Cada talento representa el sueldo de quince años de trabajo. Lo que el hombre les está intentado decirle a sus siervos es que se les ha dado una oportunidad única en la vida, pero la pregunta es: ¿qué van a hacer con esa oportunidad?
La misma pregunta va para nosotros. Dios nos ha confiado recursos y habilidades a cada uno de nosotros. ¿Qué vas a hacer con eso? ¿Vas a usarlo de forma sabia o vas a desperdiciar esta estupenda oportunidad de construir el reino de Dios y ser usado por Él en formas que nunca creíste que fueran posible?
Se realizó una encuesta a personas de 95 años de edad o mayores, y se les preguntó si harían algo diferente si pudieran vivir sus vidas de nuevo. Las tres principales respuestas fueron las siguientes:
1.- Dijeron que reflexionarían más. Se detendrían a examinar la dirección y significado de sus vidas. Se asegurarían de dar su tiempo, talento, dinero y energía a algo que valga la pena.
2.- Dieron que se arriesgarían más. Serían más valientes para salir de su zona de confort. Tomarían más riesgos para poder elevar sus logros y hacer la vida más interesante.
3.- Darían su vida a lo que estará aún después de su muerte. Le darían menos atención a lo que está aquí hoy y ya no está mañana, y se dedicarían de lleno a lo que va más allá de su vida aquí en la Tierra.
Ninguno de nosotros quiere llegar al final de su vida con los mismos arrepentimientos. Cada siervo tiene una elección. Jesús dice que al hombre que se le dio cinco talentos “fue y negoció.” No perdió ni un segundo, se ocupó de los negocios de su señor, y también así lo hizo el siervo al que se le dieron dos talentos. ¿Crees que se la pasaron genial? ¿Crees que nunca antes se sintieron tan vivos como cuando invirtieron su vida en las cosas en las que su señor hubiera invertido la suya?
Esto nos hace detenernos y hacernos una pregunta muy importante: ¿en qué estamos invirtiendo nuestra vida? ¿Nos estamos consumiendo por un reino que no va a durar, o estamos aprovechando todo lo que tenemos y todo lo que deseamos para alcanzar personas para Jesús, para ayudar a los que están heridos, y para apoyar a las personas que desesperadamente necesitan la ayuda de la mano de un amigo?
¿Estamos aprovechando nuestros talentos, nuestro tiempo y nuestras finanzas para algo que importa en el Cielo, o sólo estamos viviendo el aquí y el ahora?
Eso es lo que sucedió con el hombre al que se le confió un talento. Jesús dice que el hombre no hizo nada de importancia con esta oportunidad. Lo arruinó. Pudo haber aprovechado lo que se le dio para algo más grande que sí mismo, pero mejor se quedó tranquilo.
El giro inesperado en la historia sucede cuando el señor regresa y revisa cómo cada siervo invirtió lo que les dio. El hombre al que le dio cinco talentos había ganado cinco talentos más, y el hombre al que le dio dos talentos había producido dos talentos más. Su señor los elogia por su fidelidad. El tercer siervo no hizo nada con lo que le dio y su señor se enoja con él.
¿Por qué se enojó el señor? Porque nuestras vidas son importantes para Dios. Lo que hacemos con lo que se nos ha dado es de suma importancia. Sólo tenemos una vida para vivir. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros una vida que debemos de usar para glorificarlo a Él, con todo lo que hacemos y decimos. Nuestro trabajo es hacer con nuestras vidas algo de importancia y duradero. Nuestro trabajo es averiguar qué podemos hacer para mejorar el mundo, nuestra iglesia y nuestra familia, y para ayudar a construir el reino de Dios.
Antes de seguir avanzando, veamos lo que sucedió al final de ese día. Jesús se la pasó todo el día del martes enseñando y preparando a la gente para lo que estaba por venir. El miércoles, como supimos después, sería un día muy diferente. El miércoles, como estamos por ver, fue un día de silencio.
Oremos: “Amado Dios, ayúdanos a no malgastar nuestra única oportunidad en la vida en lo que no es eterno. Ayúdanos a usar nuestra vida en construir tu reino. En el nombre de Jesús, amén.”
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