Saltamos de martes a jueves, ¿por qué? Porque no sabemos lo que Jesús hizo durante el miércoles. Tal vez Él y sus discípulos estaban ocupados preparándose para la Pascua. O tal vez Jesús estuvo solo y pasó el día orando porque sabía lo que estaba por venir en las siguientes horas. No sabemos a ciencia cierta qué es lo que hizo Jesús durante el miércoles, pero sí sabemos seguro lo que hizo el jueves.
El jueves es cuando Jesús se juntó con sus discípulos en una habitación en el segundo piso para tener la comida de Pascua juntos.
La Pascua era muy importante para los judíos. Es una comida que les recuerda a los israelitas cómo Dios los rescató de la esclavitud en Egipto miles de años antes. Moisés había ido con el faraón y le dijo: “Quiero que dejes ir al pueblo de Dios,” y el faraón se negó. Dios mandó plagas sobre los egipcios. La plaga final fue el ángel de la muerte.
Cada primogénito en cada casa moriría esa noche, a menos que hubiera sangre de cordero en el marco de la puerta en la casa de esa familia. Cuando el ángel de la muerte llegara, pasaría de largo por esas casas marcadas, y no entraría en ellas. La sangre del cordero salvó a la gente. Jesús usó esta cena para revelarles que Él era el máximo Cordero de Dios cuya sangre se derramaría para el perdón de nuestros pecados para que cuando muramos, el ángel de la muerte pase de largo y nosotros vayamos al cielo con Jesús.
Los discípulos comenzaron a llegar. Ahora, se suponía que deberían de tener a un sirviente que debería de usar un balde de agua y una toalla para lavar los pies de cada persona antes de la comida, pero el sirviente no llegó. Las calles en el primer siglo no estaban pavimentadas, ni había sistema de drenaje, por eso las calles estaban sucias y el único tipo de calzado que tenían eran sandalias abiertas. La comida que estaban por compartir les llevaría como tres horas para consumirla, y esa era la razón por la cual el lavarse los pies era importante para en realidad poder disfrutar su comida.
En esos tiempos, no se sentaban a la mesa como lo hacemos hoy en día. Antes se reclinaban en la mesa, es decir, se sentaban en el piso y descansaban su cabeza en sus manos. La mesa era como 4 pulgadas de alta, y eso hacía que la persona que estaba sentada junto a ti tuviera sus pies muy cerca de tu cara.
Cuando los discípulos llegaron a la habitación, ninguno de ellos tomó el balde de agua o la toalla del sirviente. Todos los discípulos tenían corazones necios, egos enormes y pies muy sucios. Hay un detalle en Juan 13 que es fascinante, en en el griego original el versículo 2 se lee así: “La comida finalmente fue servida.”
Jesús les dio bastante tiempo para ser siervos, pero todos prefirieron comer con los pies sucios de alguien más cerca de su cara que ayudar con esa necesidad y tomar la toalla.
Durante la comida, Judas se sentó junto a Jesús en el lugar de honor. Esto lo sabemos porque Jesús tuvo una conversación con Judas donde los dos mojaron su pan en la misma salsa. Mojaron su pan al mismo tiempo y Jesús miró a Judas y le dijo que lo iba a traicionar, pero Judas mintió y dijo que no era verdad.
En tan solo unas horas después, Judas traicionaría a Jesús con un beso.
A Jesús también lo golpearía, se burlarían de él y le escupirían. Iban a crucificarlo, pero ahí estaba Jesús en su última cena, dándole el lugar de honor a quien lo traicionaría.
Mientras se servía la cena, Jesús se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
Jesús conoce el futuro de los pies que está lavando. Estos 24 pies no pasarán el día siguiente siguiendo a su Señor o defendiendo su causa. Esos pies van a huir en el momento que más los necesita. Un par de esos pies lo va a traicionar, otro par va a negar siquiera conocerlo, y el resto lo van a abandonar. Él sabe lo que están por hacer, pero sin embargo les lava los pies.
Después de que se sirvió la comida de Pascua, Jesús tomó pan sin levadura y lo partió y lo repartió con los discípulos. Jesús estaba por tomar objetos comunes y hacerlos fuera de lo común. Eso es algo que se nos anima a hacer como creyentes.
Debe de haber elementos de la cena del Señor cerca de ti. Por favor, asegúrate de que todos los tengan antes de continuar. Queremos hacer esto juntos en memoria del sacrificio que Jesús hizo por nosotros para poder ser perdonados por nuestros pecados.
Presiona pausa hasta que todos tengan los elementos.
Yo recibí del Señor lo mismo que les transmití a ustedes: Que el Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan, y, después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este pan es mi cuerpo, que por ustedes entrego; hagan esto en memoria de mí»
Tomemos el pan.
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria de mí». Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga.
Ahora, tomemos el jugo.
En el momento que Jesús compartió esto con los discípulos, ellos no entendieron de lo que hablaba. Pero en unas horas, algunos de los discípulos observarían desde la distancia cómo el cuerpo de Jesús es destrozado y golpeado por los pecados del mundo. Entonces entenderían de lo que hablaba.
Cuando te detienes a pensar en todo lo que Él ha hecho por ti y de la vida de la que te ha rescatado, es difícil encontrar razones por las cuáles no servirle a Él y a las personas que ha puesto en tu vida.
¿Eres un sirviente? ¿Pones las necesidades de otras personas por encima de las tuyas, o cuando algo se necesita hacer miras a otros para que ellos lo hagan?
Oremos. “Dios, ayúdame a ser un sirviente. Ayúdame a ser el tipo de persona que toma la toalla y sirve a los que están alrededor de mí. Gracias por servirme y poner mis necesidades por encima de las tuyas. En el nombre de Jesús, amén.”
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